No te rindas – Doce acciones inspiradoras para burlar la nueva Ley de Seguridad Ciudadana

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No te rindas – Doce acciones inspiradoras para burlar la nueva Ley de Seguridad Ciudadana

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

La ley de la patada en la boca

Un absoluto disparate y un código disciplinario para militarizar la sociedad

Prohibido manifestarse en determinados espacios públicos.
Prohibido manifestarse en determinados perímetros urbanos en los que la policía podrá establecer “zonas de seguridad”, y el epicentro será el Congreso de los Diputados, incluso cuando no esté en actividad.
Prohibido la grabación y difusión de imágenes de policías en acto de servicio, las protestas sin permiso ante el Congreso, el Senado, los parlamentos autonómicos y los tribunales en faltas administrativas “muy graves”, multadas con hasta 600.000 euros.
Alterar el orden público con capucha o insultar a un policía en el transcurso de una manifestación será considerado falta “grave” y conllevará una sanción de 1.000 a 30.000 euros.

La ley de seguridad ciudadana sustituirá a la ley Corcuera de 1992, pero para algunos analistas es más retrógrada. “La ley nos llevaría al corcuerismo, al autoritarismo dentro de la democracia”, espeta Ballbé, también experto en seguridad ciudadana y en el proceso de desmilitarización de la Policía Nacional durante la Transición.
El Tribunal Constitucional anuló el punto de la ley Corcuera conocido como “la patada en la puerta”, que permitía a la policía entrar en los domicilios de los sospechosos de tráfico de drogas sin orden del juez, al considerar que vulneraba la inviolabilidad del domicilio. Durante el año en que estuvo en vigor la normativa, la policía detuvo a unas 800 personas que tuvieron que ser absueltas tras la sentencia.

Interior “intenta remilitarizar la seguridad y radicalizar a los manifestantes con métodos provocadores de la policía”, apunta Ballbé. En su opinión, el objetivo no es otro que “poder criminalizar los movimientos ciudadanos”. “La prohibición de manifestaciones pacíficas en las cercanías del Congreso no tiene parangón en los países democráticos”, insiste.

No te rindas – Doce acciones inspiradoras para burlar la nueva Ley de Seguridad Ciudadana

1. Fuck Communism en USA

En los Estados Unidos de los años 60 había dos palabras prohibidas. Una, literalmente, la palabra “fuck”. Decirla o escribirla podía acarrear multas y hasta penas de cárcel. Otra, cultural y simbólicamente, la palabra “comunismo”. El gran tabú, el fantasma que el Comité de Actividades Anti-Norteamericanas había decidido erradicar (amplificándolo, al considerar a todo el mundo sospechoso).

Los yippies, el grupo de activismo creativo liderado por Abbie Hoffman y Jerry Rubin, decide hacer algo al respecto y organizan una campaña (pegatinas y carteles por toda la ciudad de Nueva York) con el siguiente eslógan: “fuck communism”.

Decir lo prohibido sin decirlo, evitando la censura y la criminalización, buscando la complicidad del espectador inteligente que sabe leer entre líneas y apreciar el ingenio de la operación.

2. La Alternativa Naranja en Polonia

En la década de los 80, enfrentarse al régimen comunista polaco requería de mucho valor e ingenio. De lo contrario, con mucha probabilidad uno daba con sus huesos en la cárcel para toda la vida o algo mucho peor. Los miembros de Pomaranczowa Alternatywa (Alternativa Naranja) se destacaron por su uso creativo del absurdo y el sinsentido en las protestas.

Comenzaron su trayectoria pintando enanos sobre las manchas de pintura que cubrían en las paredes los graffittis contra el gobierno. Los enanos presentes por doquier se convirtieron muy pronto en símbolos de la disidencia polaca, cobraron vida y centenares de personas disfrazadas de enanos naranjas comenzaron a manifestarse por las calles exigiendo cosas como la dimisión de Gargamel (!).

Así, mediante el uso de la alegoría y la metáfora, diciendo sin decir, lograron llevar a cabo decenas de protestas sin correr el riesgo de ser detenidos o, por lo menos, de ser detenidos sin que las autoridades del régimen se convirtiesen automáticamente en un hazmerreír: ¿o es que acaso se le puede seguir tratando con respeto a un oficial de policía tras ver que detiene a un manifestante “por participar en una reunión ilegal de los enanos”?

3- El Tighty-whitie Block en Nueva York

Unos días antes del comienzo de las movilizaciones contra el World Economic Forum en febrero de 2002, el alcalde de Nueva York desempolva una antigua ley (¡escrita en 1847!) que prohíbe el uso de máscaras durante cualquier acto público. La aplicación de la ley persigue un claro objetivo: permitir a la policía realizar a sus anchas un archivo fotográfico de los manifestantes.

Los New Kids on the Black Block, un grupo de activistas antiglobalización expertos en tácticas de guerrilla de la comunicación, leen con atención la ley. Lo que allí dice es, literalmente, que queda tajantemente prohibido “el uso de toda máscara”. Pero, con un poco de creatividad, hay muchas cosas que pueden llegar a desempeñar las mismas funciones… Y así es como nace el Tighty-whitie Block.

“Tighty-whities” es como llaman los americanos a los calzones blancos de toda la vida. En pocas horas, los New Kids se hacen con un montón de estos calzoncillos (más de mil), les imprimen cientos de mensajes subversivos y los reparten entre los manifestantes. Además, confeccionan una pancarta-gallumbo gigante a modo de insignia para todos aquellos que desean –o necesitan– manifestarse de manera anónima, aunque sea con un calzón en la cara.

Los calzoncillos tighty-whities no son máscaras, así que poco o nada puede hacer la policía al ver desfilar con ellos a cientos de personas el día de la manifestación. No pueden ni detener ni, mucho menos, ampliar su archivo fotográfico, ¡cómo hubiesen quedado esas fotos!

Tighty-whitie-Block-Nueva-York-protesta

5- Los Sex Pistols sobre el río Támesis

Mediados de 1977, el Jubileo de la Reina Isabel de Inglaterra está próximo y el gobierno y la Casa Real quieren evitar a toda costa cualquier acto crítico. Es por eso que toda actuación de los Sex Pistols, autores de la canción “God Save the Queen”, queda terminantemente prohibida en suelo inglés.

La reacción de la banda punk a la prohibición es ya célebre. Lejos de tirar la toalla, los Pistols alquilan un barco al que bautizan precisamente “Queen Elizabeth” y el 7 de junio, el mismo día del desfile real, organizan un concierto en mitad del río Támesis. Al fin y al cabo, la ordenanza gubernamental prohibía únicamente las actuaciones en suelo inglés, no decía nada acerca del agua.

La repercusión mediática de esta actuación fue tal que, esa semana, el single “God Save the Queen” alcanzó el número uno de la lista de los más vendidos en todo el país. Sin embargo, como estaba prohibida, la canción no pudo ser anunciada por televisión ni pinchada por ninguna emisora de radio. Aquella fue la única vez en la historia que no ha habido canción número uno.

6- La Revolution Through Social Networks en Bielorrusia

En julio de 2011, la frustración por la crisis económica en Bielorrusia llega a su punto álgido. El régimen autoritario del presidente Alezander Lukashenko había prohibido cualquier tipo de protesta y la policía reprimía toda expresión de disidencia. En respuesta a esta situación, aparece la “Revolution Through Social Networks”, un llamamiento público a reunirse en las calles y aplaudir; o a hacer sincronizar sus teléfonos móviles y hacerlos sonar a la vez. Así, de este modo tan aparentemente inofensivo, miles de personas logran convertir unos simples gestos cotidianos en potentes expresiones de disidencia.

7. Lavapiés 15 en Madrid

Lavapies 15 fue una casa okupada en la calle y número que indica su nombre del madrileño barrio de Lavapiés durante el año 96. A los seis meses de existencia recibió la orden de desalojo. Los habitantes de Lavapiés 15 sellaron la puerta y simularon parapetarse dentro, el procedimiento ortodoxo de autodefensa de las casas okupada por aquel entonces (heroico quizá, pero a la postre inútil y muy frustrante).

Así, mientras un destacamento de cien agentes de policía y un helicóptero rastreaban la casa buscando a los okupas, ellos huyeron por los tejados dejando en evidencia el desmesurado e injustificado despliegue represivo. Se cuenta incluso ¡que observaron su propio desalojo en la puerta con los demás curiosos!

“Resistir no equivale a sufrir, también la burla es una forma de lucha”, dijeron para explicar su gesto.

simbolo-okupa_manifestacion

8- Día Nacional de la Protesta en Chile

Chile, julio de 1983. La dictadura de Pinochet cumple diez años y los trabajadores de las minas de cobre lo celebran organizando una huelga nacional. Las minas de cobre representan entonces la columna vertebral de la economía del país, así que la respuesta del dictador se hace notar enseguida: cientos de militares y policías de diferentes cuerpos rodean las minas con orden de disparar sobre todo aquél que secunde la huelga. El derramamiento de sangre parece inevitable. Y, sin embargo, no sucede así.

Apenas un día antes del inicio de la huelga y, repentinamente, los portavoces y líderes del movimiento obrero deciden cambiar de estrategia. En vez de insistir en el paro de las minas como única vía de protesta, convocan ahora a la primera Jornada de Protesta Nacional, un día repleto de muchas acciones descentralizadas a lo largo del todo el país. Dicho llamamiento animaba a la gente a, por ejemplo, conducir sus automóviles a velocidad muy lenta por las autopistas y principales calles chilenas con la intención de provocar un multitudinario atasco en todo el país; o a encender y apagar una y otra vez las luces de su hogar; o a golpear sus cacerolas y sartenes ininterrumpidamente en cuanto cayese la noche. Y así fue como nació el cacerolazo, un modo de protesta todavía vigente en la actualidad.

9. La (no) batalla de la puerta del Sol

El martes 2 de agosto de 2011, la policía desaloja de muy malos modos los restos de la acampada de Sol y el punto de información que allí había dejado el movimiento 15M, arrancando y arrojando a un contendor de basura la hermosa placa que decía “Dormíamos, despertamos. Plaza tomada”. Miles de madrileños se sienten entonces borrados del mapa y se autoconvocan espontáneamente para reconquistar la plaza.

Cordones de policía apostados en cada una de las arterias de la plaza les cierran el paso, mientras decenas de “lecheras” custodian un espacio desierto. De pronto un grito: “ciao, ciao, ciao, nos vamos a Callao”. La consigna prende. En lugar de hacer frente, los manifestantes dan la espalda. Cambio de perspectiva, cambio de escenario, cambio de interlocutores, cambio de afectos. Ya no se grita la rabia a la policía impasible, sino que el 15-M se hace presente por toda la ciudad. Se transforma una situación de impotencia en potencia. Alegría del regate.

La guarnición de policías de Sol se queda encerrada en su trinchera, protegiendo el vacío. Un día, dos días, tres… El dispositivo es insostenible y finalmente se desmonta cuatro día después. Y la noche del viernes 5 la gente entra de nuevo feliz en la plaza liberada en una gran manifestación.

Catalunya-indignados

Belleza (o cómo el arte desarma la fuerza bruta)

10- El pianista de Gezi Park (Estambul)

Antes del definitivo desalojo del parque Gezi en Estambul, durantes las protestas de junio, el presidente Erdogan había dado un ultimátum a los manifestantes.

Y se cumplió a las siete de la tarde del 12 de junio. Todo estaba preparado para el ataque de la policía: la enfermería, las máscaras de gas, los medios de comunicación, las barricadas… Pero cuando empezaron los primeros enfrentamientos, las primeras bombas de gas, entonces empezó a sonar algo que no erán cánticos de guerra ni disparos, sino música: “Let it be”, de los Beatles, un piano que había aparecido de la nada y un chico delgado con nariz ganchuda y sombrero que tocaba “Imagine” de John Lennon y el Bella Ciao. Y entonces todos dejaron lo que estaban haciendo y se fueron acercando: se sentaron, aplaudieron, cantaron juntos.

El pianista era un alemán, de origen italiano, que estaba viajando por Europa para transmitir un mensaje de paz. El piano lo había construido él mismo y afirmaba que su música calmaba a los policías y, de alguna manera, protegía a los manifestantes. Erdogan no se atrevió a aplastar esa comunidad en torno a la música. Hubiera sido una imagen brutal que recorrería el mundo.

11- “Standing Man” en Estambul

Cuando al fin Erdogan atacó un día de forma inesperada el parque Gezi y consiguió desalojarlo, amenazó con que cualquier persona que intentase entrar en Taksim (la plaza situada al lado del parque) sería considerado terrorista. Miles de personas intentaron entrar a base de ataques frontales y barricadas, pero fue en vano. Hasta que un hombre pasó inadvertido como un turista más, sin máscara de gas ni pañuelo que tapase su cara, y se puso frente al edificio Atatürk, y se quedó allí quieto, durante horas. Se convirtió en trending topic en twitter y la policía le detuvo, pero ya era tarde: muchos más “standing man” o “personas quietas” como él replicaron su acción en un goteo incesante en esa plaza y otras. Poco a poco, volvieron a tomar Taksim. Parecía difícil justificar de cara a la opinión pública que eran terroristas, cuando todo el mundo podía ver que eran personas que simplemente estaban ahí quietas… y sin embargo, todos sabían que estaban desafiando al Gobierno.

12- Los Reflectantes en Barcelona

En torno al primer aniversario del 15-M, el poder había activado la vía de la represión y la criminalización para acabar con la protesta en calle. Entrar en esas dinámicas vacía la calle de pluralidad, “des-democratizando” la protesta hasta que sólo quedan grupos pequeños y muy homogéneos, fácilmente identificables y codificables. Ahí surgen entonces Los Reflectantes diciendo: “no vamos a jugar en ese juego, rompamos los códigos”.

Los Reflectantes parecen superhéroes salidos de un cómic de Marvel, pero se trata de gente corriente aunque con dos cosas o tres fuera de lo normal: su traje brillante hecho con papel de aluminio, el Rayo reflectante y el Reflectocubo.

Utilizado correctamente, el Rayo reflectante sirve para reflejar la luz del sol sobre las cámaras de la policía que graban a los manifestantes. Por otra parte, el Reflectocubo puede usarse de dos maneras distintas: como elemento lúdico en cualquier manifestación que se torne aburrida y como antídoto contra cargas policiales.

Este segundo uso del Reflectocubo se puso en práctica por primera vez en Barcelona, durante la pasada Huelga General del 14-N. La manifestación multitudinaria de la mañana había concluido ya cuando la policía asaltó Plaza de Cataluña golpeando con sus porras a todo aquél que encontraba en su camino. Cundió el pánico. La gente huyó despavorida en dirección a Paseo de Gracia y justo entonces hizo aparición el Reflectocubo. Tras un buen rato forcejeando con él, los antidisturbios decidieron quitárselo de encima empujándolo de vuelta hacia el lado de los Reflectantes, quienes se lo volvieron a enviar provocando una espacie de ping-pong absurdo que transformó el ambiente de la plaza radicalmente: del pánico a la juerga en menos de un minuto .

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