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Cuando todo se derrumba
21 enero, 2019

Recolocarte y ser tu, comóda y serenamente tu

serenidad

El hecho de sentirse fuera de sitio, en un estado de descentramiento, es una situación ideal, una situación en la que ya no permanecemos atrapados y podemos abrir nuestros corazones y mentes más allá de sus anteriores límites.
Es un estado muy sensible, no agresivo y de final abierto.

“El “premio” que puede darnos esta nueva situación donde nos rodea la tristeza, el desamparo, el desasosiego es la oportunidad de erigirnos sobre nosotros mismos y recordarnos que al menos nos debemos, no pasar por situaciones donde nos encontremos molestos, incómodos, donde no sintamos nuestra expresión interior sincera con nosotros mismos. Hemos perdido mucho, nuestro entorno se ha destruido en pedazos y estamos solos en nuestro sufrimiento, y es por eso que la lección a aprender y recordar es que tenemos la oportunidad de empezar a pintar de nuevo nuestro lienzo, una y otra vez, cuando se nos olvide, no pasa nada si seguimos con la misma atención para intentar ser honestos con nuestro verdadero yo, lo único que nos queda y lo que nos devolverá una serenidad indestructible.”

Ese lugar en el que no tienes otra elección que aceptar lo que está pasando o retirarte, se le llama estar clavado por la vida.

Permanecer en esa agitación —permanecer con el corazón roto, con el estómago revuelto, con el sentimiento de estar desvalido y queriendo venganza—, ésa es la senda del verdadero despertar. Adherirse a esa incertidumbre, pillarle el truco a relajarse en medio del caos, aprender a no tener pánico: ésta es la senda espiritual.

La primera cosa que ocurre en la meditación es que empezamos a tomar conciencia de lo que ocurre. Uno pensaría que el hecho de ver las cosas claramente las haría desaparecer, pero no es así. Por tanto, durante largo tiempo simplemente vemos las cosas con claridad. “En la medida en que estamos dispuestos a hacer frente a tantos pensamientos de dolor, a sentirlos, a darles la cara, a llorarlos, empiezan a perder fuerza y desgastarse, aunque desgastarse no sea lo mismo que desaparecer.” En su lugar empieza a surgir una perspectiva más amplia, más generosa, más iluminada.

Como dice Sogyal Rinpoche: «Llevamos nuestra mente de vuelta a casa.» Después de cierto tiempo llegamos a relacionarnos meditativamente con las esperanzas y miedos de nuestra vida diaria. De repente, dejamos de luchar y nos relajamos. Dejamos de hablarnos a nosotros mismos y volvemos a la frescura del momento presente.

“Recordemos siempre que estamos nosotros, que ahí dentro estás tu y que es lo único que puede aliviarte. Dale todo lo que necesita, él sabrá pedírtelo, pero estate atento, no te involucres en situaciones que sean un esfuerzo para ti, eso te lo debes, estás sufriendo mucho, y recuerda que existe ese premio, empezar de cero, limpiar todo aquello que te molesta, ahora tienes derecho, ahora no tienes que dar explicaciones, tu comportamiento será entendido por más raro que parezca, aprovecha esta situación para recolocarte y ser tu, comóda y serenamente tu.”

“Sólo en la medida en que nos acontece la aniquilación una y otra vez podemos hallar en nosotros aquello que es indestructible.”

Resultado de imagen de la serenidad no es estar a salvo de la tormenta sino encontrar la paz en medio de ella

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