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Adictos al Bikram Yoga

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La variedad de yoga creada por Bikram Choudhury, que se practica en sesiones de 90 minutos en una sala a 40 grados, llena de yoguis sudorosos y cuyos incondicionales juran que es buena para todos, está en entredicho.

Adictos al Bikram Yoga

No todo vale y el Bikram también se abre a adictivo universo de quienes llevan esta modalidad de yoga al extremo de soportar un dolor indecible con tal de doblar sus cuerpos como goma de mascar olvidando que, por muy flexible que se llegue a ser, bajo la piel hay articulaciones y órganos que no siempre pueden plegarse a voluntad. No, al menos, sin ocasionar lesiones o situaciones cuanto menos dolorosas.

“Es cierto que cualquiera puede practicar Bikram Yoga pero esto es como todo: llevado al extremo siempre es perjudicial. Hay que buscar el equilibrio y Lorr precisamente retrata el absurdo al que llegan algunas personas creyendo que pueden doblarse hasta lo imposible”, sentencia Lucia Kelley, directora de Bikram Yoga España, profesora certificada desde 2002 y primera en abrir una escuela de Bikram a este lado de los Pirineos.

Sin embargo entre sus defensores se encuentran deportistas y famosos de élite “el Bikram es extremadamente beneficioso para nuestros jugadores. Proporciona un ambiente cálido para desarrollar rutinas que ayudan a la flexibilidad, movilidad, control y coordinación, todos ellos elementos claves para un tenista”. Si es bueno para un deportista de élite, ¿por qué no para el ciudadano de a pie? Álvaro García-Romero Pérez, profesor de la Universidad Europea de Madrid y antiguo fisioterapeuta de la Selección Española de Natación, manifiesta, en cambio, sus reparos porque “noventa minutos de ejercicio a cuarenta grados no es sano desde un punto de vista fisiológico. Si nadie en su sano juicio sale a correr con esa temperatura, ¿por qué sí el Bikram?”. Sin embargo, el Doctor Santiago Lorenzo sostiene exactamente lo contrario. En un estudio sobre la aclimatación al calor realizado por el Departamento de Fisiología Humana de la Universidad de Oregón (EEUU) observó las reacciones corporales de varios ciclistas entrenando a 38 ºC y concluyó que su rendimiento competitivo aumentaba en un 7%, “un porcentaje muy significativo que podrían aprovechar cuando compitan a temperaturas más frescas”.

En concreto, sostiene que entrenar a altas temperaturas mejora la capacidad del cuerpo para controlar la temperatura corporal y que mejora el riego sanguíneo a todos los niveles. “No me extrañaría que en un futuro se utilice el calor como herramienta de entrenamiento”. García-Romero tampoco cree, como sostienen algunos ultras del Bikram, que el estiramiento sin más pueda curar algunas lesiones. “Por ejemplo, en caso de una hernia discal lumbar si damos más movilidad a una zona que no debería moverse podemos agravar una lesión”.

No todo el mundo lo aguanta. Noelia Montes es una de ellas. “Ya había hecho algo de yoga y me apunté a Bikram. En la segunda clase, durante un ejercicio de pie, sin más me desmayé. Supongo que fue culpa mía, que hice algo mal con las respiraciones pero nunca más he vuelto”. Lucia sonríe como si la historia no fuera aislada. “Suele suceder a personas propensas a los mareos o que no están respirando adecuadamente, que hiperventilan e impiden que el oxígeno llegue a las extremidades. Pero a todo se aprende y pasadas las 2-3 primeras sesiones el cuerpo recuerda cómo ha de respirar”.

Artículo de El País

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