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El Diario de una enferma de fibromialgia
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El Diario de una enferma de fibromialgia

Voy a hacer un diario donde os voy a ir explicando cada día como me encuentro y como lucho para tratar de llevar una vida normal.

También os explicaré mi experiencia a lo largo de tantos años, todo será poco a poco, como esta enfermedad nos dejar hacer las cosas, lentamente.

Os animo por favor a que hagais lo mismo, nos irá bien, sacar todo esto que llevamos dentro y sobre todo escucharnos los unos a los otros.

Mi ilusión, mi esperanza? sobrellevarlo mejor …

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Diario de una Fibromiálgica
Presentación … principio del Diario …

– DALINIA Diario de una fibromiálgica

Hoy hace un día nublado, para nosotros no son buenos los días húmedos y lluviosos.
La cabeza la tenemos como embotada y la sensación de sueño es mayor.
Ayer tardé un montón en dormirme, ahora procuro no ponerme nerviosa, es peor.
Cuando pienso que al día siguiente tengo muchas cosas que hacer y me cuesta conciliar el sueño, es el pez que se muerde la cola, cada vez me cuesta más.

Bueno, tengo pereza para ponerme en marcha, donde mejor estoy es en mi casa, aquí no tengo que exponerme a los esfuerzos de hablar, sonreir … pero tengo que salir.
Hoy no tengo un buen día.
Dalinia

Mi Diario . Empiezo

Como os dije diagnosticada la fibromialgia la tengo desde hace más de 14 años pero si me remonto se que la padezco desde hace mucho, mucho tiempo, yo creo que desde la niñez.
Era una niña que no podía hacer ejercicio, me dolían las piernas, los brazos, si me ponía a la altura de la energía de los demás niños siempre acababa fatal, creo que mi torpeza venía de mis limitaciones.

Menos mal que a ingenio, buen humor y alegría por jugar no me ganaba nadie.
Todo esto contrarestaba lo excluída que podía sentirme por no poder participar en la mayoría de juegos, ni siquiera los más sencillos de aquella época, ni saltar a la cuerda, ni a las gomas.

Es más recuerdo cuando mis padres y yo salíamos de casa de mis «yayos» para regresar a la nuestra por la noche que le pedía a mi padre que me subiera «aupa», tenía 8 o 9 años y cuando lo hacía las piernas me arrastraban por el suelo, imaginaros … pero no podía ni dar un paso.
Mis padres y mis familiares me llamaban «vaga», «perezosa», «comodona». Claro ¿que iban ellos a saber?.